La piel atópica en perros es mucho más que una simple alergia. Se trata de una enfermedad inflamatoria crónica de la piel, una reacción exagerada a elementos del ambiente tan comunes como el polen o los ácaros. El problema de fondo es que su piel, que debería ser una muralla protectora, está debilitada, permitiendo que estos alérgenos se cuelen y provoquen un picor intenso y constante.
Qué es la piel atópica y cómo reconocer las señales

Para que te hagas una idea, imagina que la piel de tu perro es una pared de ladrillos bien construida. En un perro sano, esa pared es sólida e impermeable, y mantiene a raya a los invasores (bacterias, levaduras, alérgenos). En un perro con piel atópica, esa pared es defectuosa.
El "cemento" que une las células de la piel es de mala calidad, lo que crea pequeñas fisuras invisibles. A través de ellas, se cuelan sustancias que para otros perros son inofensivas, como el polen, los ácaros del polvo o las esporas de moho. El sistema inmunitario de un perro atópico, que tiene una predisposición genética a reaccionar de más, los identifica como una amenaza y lanza un ataque totalmente desproporcionado.
Esta respuesta inmunitaria exagerada es la que causa la inflamación, el enrojecimiento y, sobre todo, ese picor desesperante que define a la dermatitis atópica. No es una molestia pasajera; es una condición crónica que exige un cuidado constante para reforzar esa "pared" cutánea.
Las señales que delatan la piel atópica
Identificar los síntomas a tiempo es el primer paso para ayudar a tu compañero. La piel atópica en perros se manifiesta de formas muy claras, aunque a veces se puede confundir con otros problemas. Por eso, es clave fijarse en un patrón de comportamientos y signos físicos. Si quieres saber más, puedes echar un vistazo a nuestra guía sobre los problemas de piel en perros más comunes.
Los síntomas clave que no debes pasar por alto son:
- Rascado sin descanso: No es un picor puntual. Es una necesidad compulsiva que le impide dormir o jugar con normalidad.
- Lamido compulsivo: Sobre todo en las patas, entre los dedos o en las muñecas. Verás la zona siempre húmeda y, a menudo, teñida de un color marrón rojizo por la saliva.
- Se frota contra todo: Busca alivio restregando la cara, la barbilla o los costados contra muebles, alfombras o el suelo.
- Piel roja e inflamada: Las zonas con menos pelo son las más reveladoras: el abdomen, las axilas, las ingles o alrededor de los ojos y la boca se ven muy irritadas.
- Otitis recurrentes: Infecciones de oído que vuelven una y otra vez, incluso después de haberlas tratado.
La dermatitis atópica canina no es algo anecdótico. Se calcula que afecta a entre un 10 % y un 15 % de los perros en España. Esta enfermedad crónica está muy ligada a una hipersensibilidad a alérgenos ambientales, con una predisposición genética clara en razas como el Bulldog Francés, el Pastor Alemán o el Golden Retriever.
Tabla de señales de alerta de la piel atópica
Para que puedas identificar de un vistazo si tu perro podría estar lidiando con esta condición, hemos preparado una tabla que relaciona los síntomas con las zonas más habituales.
| Síntoma Principal | Comportamiento Asociado | Zonas Comunes Afectadas |
|---|---|---|
| Picor intenso | Rascado, mordisqueo, frotamiento | Cara, mentón, orejas, axilas, ingles, abdomen |
| Lamido excesivo | Lamerse constantemente las patas | Espacios interdigitales, muñecas, zona perianal |
| Enrojecimiento (Eritema) | Piel caliente al tacto | Vientre, axilas, interior de los muslos |
| Infecciones de oído | Sacudir la cabeza, mal olor, secreción | Pabellón auricular, conducto auditivo externo |
| Piel engrosada y oscura | Consecuencia del rascado crónico | Zonas de pliegues, axilas, cuello |
Fijarte en estos signos es fundamental. Si reconoces varios de ellos en tu perro, es el momento de plantear una estrategia de cuidado específica y, por supuesto, de consultarlo con tu veterinario.
¿De dónde viene la dermatitis atópica de tu perro?

Si tu perro sufre de piel atópica, lo primero que debes saber es que no hay un único culpable. Olvídate de buscar una sola causa. Esta condición es más bien el resultado de una "tormenta perfecta" donde se juntan dos factores clave: su herencia genética y el entorno que le rodea.
Piénsalo como si fuera una cerradura que necesita dos llaves para abrirse. La primera es la predisposición genética. Hay perros que, sencillamente, nacen con una mayor probabilidad de desarrollar esta enfermedad. Su sistema inmunitario tiende a reaccionar de forma exagerada y su barrera cutánea es, por naturaleza, más frágil.
La segunda llave la aporta el entorno. Es la que gira la cerradura y hace que aparezcan los síntomas. Hablamos de alérgenos muy comunes que para la mayoría de los perros pasan desapercibidos, pero que en un perro atópico desatan una auténtica batalla campal en su piel.
La genética y las razas más vulnerables
El componente genético es innegable. Si un perro es hijo de padres con piel atópica, sus posibilidades de heredarla se disparan. Esto explica por qué vemos esta enfermedad con mucha más frecuencia en unas razas que en otras.
Algunas de las más afectadas son:
- Bulldog Francés
- West Highland White Terrier (el famoso "Westie")
- Shar Pei
- Labrador y Golden Retriever
- Pastor Alemán
- Bóxer
Estos perros no solo suelen tener un sistema inmunitario más sensible. Muchas veces, la propia estructura de su piel tiene un déficit de las proteínas y lípidos que deberían mantenerla fuerte y protegida. Esa vulnerabilidad es la puerta de entrada para todos los problemas que vienen después.
Los alérgenos ambientales que lo desencadenan todo
Una vez que la predisposición genética está ahí, solo hace falta que el perro entre en contacto con ciertos alérgenos del ambiente para que la reacción se ponga en marcha. Los principales responsables son microscópicos y, para nuestra desgracia, están por todas partes.
La piel de un perro atópico funciona como un colador. Mientras que una piel sana es una barrera que bloquea los alérgenos, la piel atópica tiene "agujeros" por los que se cuelan. Esto activa una respuesta inmunitaria descontrolada que se manifiesta en forma de picor e inflamación.
Los alérgenos más habituales se clasifican en dos grandes grupos:
- Alérgenos de interior (no estacionales): Nos acompañan durante todo el año. Los reyes indiscutibles de este grupo son los ácaros del polvo (Dermatophagoides farinae y pteronyssinus), que viven felizmente en nuestras alfombras, camas y sofás.
- Alérgenos de exterior (estacionales): Su presencia va ligada a la estación del año. Aquí encontramos los pólenes de árboles, gramíneas y malezas, además de las esporas de moho que proliferan en ambientes húmedos. Por eso muchos perros tienen brotes mucho peores en primavera u otoño.
Por ejemplo, un estudio realizado en Andalucía con perros atópicos reveló que los ácaros del polvo provocaban más reacciones alérgicas que los propios pólenes. Esto demuestra lo importante que es entender los factores ambientales de cada zona. Puedes leer más sobre esta investigación sobre alérgenos en perros atópicos.
¿Cómo llega el veterinario al diagnóstico?
Si tienes la sospecha de que tu perro tiene piel atópica, es fundamental acudir al veterinario. El profesional seguirá un protocolo muy metódico, descartando otras posibilidades para dar con un diagnóstico fiable. Su primer objetivo es asegurarse de que los picores no vienen de otro sitio.
El proceso suele seguir estos pasos:
- Descartar parásitos: Lo primerísimo es comprobar que no haya pulgas, garrapatas o ácaros de la sarna. Son causas muy comunes de picor y hay que eliminarlas de la ecuación.
- Tratar infecciones secundarias: De tanto rascarse, la piel se daña y es fácil que aparezcan infecciones por bacterias o levaduras. Estas infecciones también pican, así que hay que tratarlas para poder ver qué queda debajo.
- Descartar alergia alimentaria: Aunque es menos común que la ambiental, se puede probar una dieta de eliminación durante unas semanas para ver si el problema remite.
- Pruebas de alergia: Una vez descartado todo lo anterior, se realizan las pruebas de alergia (análisis de sangre o pruebas en la piel) para identificar exactamente a qué alérgenos ambientales reacciona tu perro.
Seguir este camino es la única forma de confirmar la piel atópica en perros y, a partir de ahí, crear un plan de tratamiento que de verdad funcione. Si te preocupan los picores en tu perro, conocer este proceso te ayudará a entender mejor cada paso y a colaborar activamente con tu veterinario.
Claro, aquí tienes la sección reescrita con un tono completamente humano y natural, como si la hubiera escrito un experto con años de experiencia en el cuidado de la piel canina.
La estrategia combinada: la única forma de ganar la batalla a la piel atópica
Tratar la piel atópica en perros es un trabajo en equipo. Imagina que es una orquesta: no puedes esperar una gran sinfonía con un solo violín. Necesitas que todos los instrumentos suenen en armonía. En este caso, la melodía del alivio se consigue combinando la intervención del veterinario para los momentos de crisis y el cuidado constante con dermocosmética para fortalecer la piel día a día.
Uno de los mayores malentendidos es pensar que con los medicamentos es suficiente. Son absolutamente vitales durante un brote, no hay duda, pero depender solo de ellos a largo plazo no es la solución ideal y puede traer otros problemas. El verdadero éxito está en atacar el problema desde varios frentes a la vez. Así, cada acción refuerza a la otra, conseguimos usar menos fármacos y, lo más importante, mejoramos de verdad la calidad de vida de nuestro perro.
Tratamiento veterinario: la respuesta de emergencia
Cuando la piel atópica de tu perro está en su peor momento, con ese picor desesperante y una inflamación que salta a la vista, la visita al veterinario no es negociable. El objetivo es claro y directo: apagar ese "incendio" cuanto antes y recuperar el control.
Para ello, tu veterinario tiene varias herramientas farmacológicas a su disposición:
- Fármacos para cortar el picor de raíz: Existen medicamentos muy específicos, como el oclacitinib o las terapias biológicas (anticuerpos monoclonales), que van directos a bloquear las señales de picor que llegan al cerebro. Son una maravilla por su rapidez y porque, en general, son mucho más seguros que otras opciones más antiguas.
- Corticoides: Son los antiinflamatorios más potentes que existen y proporcionan un alivio casi instantáneo. El problema son sus efectos secundarios si se usan durante mucho tiempo, por lo que suelen reservarse para los brotes más bestias y siempre por periodos cortos y controlados.
- Inmunoterapia (las "vacunas" para la alergia): Esto es una carrera de fondo. Una vez que se sabe a qué es alérgico tu perro (polen, ácaros, etc.), se le administran dosis pequeñitas de esos alérgenos para "enseñar" a su sistema inmunitario a no reaccionar de forma tan exagerada. No es una cura milagrosa, pero en muchos perros consigue que los síntomas sean mucho más leves.
Sin este arsenal médico, romper el círculo vicioso de picor, rascado e infección en plena crisis sería prácticamente imposible.
Dermocosmética: tu gran aliada para el día a día
Una vez que hemos apagado el fuego con la ayuda del veterinario, empieza el verdadero trabajo de mantenimiento. Y aquí es donde la dermocosmética se convierte en tu mejor compañera de viaje. Su misión no es solo calmar, sino reconstruir esa barrera de la piel que no funciona como debería.
Piensa en la piel atópica como una pared de ladrillos mal rejuntada, llena de grietas. Los fármacos son los bomberos que apagan el fuego cuando la casa arde, pero la dermocosmética son los albañiles que, cada día, van rellenando esas grietas para que el muro sea fuerte y no vuelva a prenderse fuego tan fácilmente.
Usar productos dermocosméticos de calidad, pensados para la piel atópica canina, tiene unos beneficios muy claros:
- Reparan la barrera cutánea: Aportan los lípidos y ceramidas que le faltan a esa piel, sellando las fisuras por donde se cuelan los alérgenos y la humedad se escapa.
- Hidratan a tope: Una piel bien hidratada es una piel más elástica y resistente, lo que ayuda a calmar la sensación de tirantez y picor.
- Calman la irritación: Incorporan ingredientes con efecto antiinflamatorio y calmante que proporcionan un alivio suave pero constante.
- Limpian sin agredir: Un buen champú terapéutico no solo limpia, sino que ayuda a eliminar los alérgenos (polen, polvo...) que se pegan al pelo y a la piel, reduciendo así la fuente del problema.
Al fortalecer la piel desde fuera, no solo das un respiro a tu perro, sino que consigues que los brotes sean menos frecuentes, más leves y, por lo tanto, necesites recurrir menos a la medicación. Si te interesa saber más, te contamos todo sobre cómo elegir el champú adecuado para perros con dermatitis atópica en este otro artículo.
En resumen, la combinación de un buen seguimiento veterinario con una rutina de cuidado dermocosmético diaria y constante es la estrategia ganadora. Es un esfuerzo conjunto entre tu veterinario, tú y los productos adecuados para conseguir un único objetivo: que tu perro pueda vivir feliz y sin el tormento del picor.
Cómo construir una rutina de cuidado anti-picor
Vale, ya sabemos qué es la piel atópica en perros y qué opciones de tratamiento existen. Pero la pregunta del millón es: ¿y ahora, cómo aplicamos todo esto en casa para que nuestro perro deje de rascarse? La clave está en crear una rutina de cuidado constante.
Lejos de ser una tarea pesada, te animo a que lo veas como un momento especial de conexión con tu perro. Estos pequeños gestos diarios no solo alivian su picor, sino que fortalecen vuestro vínculo y os regalan momentos de calma. Una rutina bien planteada es tu mejor aliada para espaciar los brotes y reducir la dependencia de los fármacos.
El camino hacia el alivio combina la ciencia, el trabajo en equipo (tú y tu veterinario) y, sobre todo, el bienestar de tu compañero.

Como ves, no hay una solución mágica, sino un proceso. Es la suma del conocimiento científico con un cuidado constante lo que de verdad mejora la calidad de vida de tu perro a largo plazo.
Pilar 1: El baño terapéutico
El baño es, sin duda, uno de los pilares fundamentales, pero no cualquier tipo de baño. Mientras que un perro con la piel sana puede bañarse de vez en cuando, uno con piel atópica necesita baños más frecuentes, a menudo semanales o quincenales, siempre según lo que te paute tu veterinario.
Estos baños no son solo para limpiar. Tienen una misión mucho más importante:
- Eliminar alérgenos: Arrastran el polen, los ácaros del polvo y otras partículas que se pegan a su piel y pelo, causando irritación.
- Calmar la piel: Un buen champú específico contiene ingredientes que reducen la inflamación, el enrojecimiento y esa sensación de picor tan molesta.
- Hidratar y reparar: A diferencia de los champús convencionales, las fórmulas dermatológicas están diseñadas para limpiar sin eliminar la escasa barrera lipídica que protege su piel. Al contrario, aportan activos que ayudan a reconstruirla.
Es crucial usar siempre un champú dermatológico formulado para pieles atópicas. Un champú normal, incluso uno para cachorros o con un marketing muy suave, puede ser demasiado agresivo, resecar aún más la piel y tirar por tierra todo tu esfuerzo.
Pilar 2: La hidratación diaria
Piénsalo de esta manera: la piel atópica es como una pared con grietas por las que se escapa el agua constantemente. Por eso, mantenerla hidratada es una tarea diaria, no solo para después del baño. Una piel bien hidratada es más elástica, está menos tirante y, en consecuencia, pica mucho menos.
Aquí es donde los acondicionadores sin aclarado o las lociones en spray se convierten en tus mejores amigos. Son comodísimos y rápidos de aplicar, sin el lío de un baño completo. Solo tienes que pulverizar el producto por su cuerpo, insistiendo en las zonas más afectadas, y dar un suave masaje para que se absorba. Este simple gesto diario marca una gran diferencia.
Pilar 3: El cuidado de zonas críticas
Hay zonas que se llevan la peor parte y necesitan un extra de mimo. Hablo de las almohadillas, la trufa, las axilas, las ingles o los pliegues de la piel. Estas áreas sufren mucho por la sequedad, la fricción y el rascado continuo. Para ellas, un bálsamo o una crema reparadora es un básico en tu botiquín.
El truco está en elegir un producto que se absorba rápido y no deje una sensación grasa. Así te aseguras de que tu perro no se pase el día lamiéndolo o te deje manchas por el sofá.
Una rutina práctica para estas zonas:
- Almohadillas: Aplica una capa fina de bálsamo después de los paseos, sobre todo si ha caminado por asfalto caliente o terrenos áridos. Masajea con suavidad hasta que se absorba por completo.
- Trufa: Si la notas seca o con pequeñas grietas, un poquito de bálsamo una o dos veces al día hará maravillas.
- Zonas de roce: En axilas, ingles o entre los pliegues (muy común en razas como el bulldog francés o el shar pei), una crema barrera previene la irritación que causa la fricción.
Para que todo esto funcione, la actitud lo es todo. Asocia estos momentos con algo positivo: caricias, palabras de ánimo o una chuche saludable al terminar. Si tu perro lo interpreta como un rato de mimos en lugar de una "tortura", será mucho más cooperativo y la rutina, más efectiva.
Recuerda que con la piel atópica en perros, la constancia gana a la intensidad. Son los pequeños cuidados diarios los que, a la larga, le regalan a tu mejor amigo una vida sin picores, más cómoda y feliz.
Cuándo necesitas una visita urgente al veterinario
Aunque tu rutina de cuidados en casa es la mejor herramienta para mantener a raya la piel atópica en perros, hay momentos en los que la situación se nos va de las manos. Es crucial que sepas diferenciar un brote más o menos controlable de una verdadera crisis que exige la intervención inmediata de un profesional. Identificar estas señales de alarma es tan importante como acordarte de su crema hidratante cada día.
Piénsalo así: es como si saltara una alarma interna que te avisa de que el equilibrio se ha roto por completo. Si no actúas rápido, lo que era una molestia intensa puede derivar en una infección grave, complicando muchísimo el cuadro y, sobre todo, el bienestar de tu perro. La idea no es que te asustes, sino que tengas claro cuándo dar el paso y pedir ayuda. Al final, el cuidado en casa y el seguimiento veterinario son dos caras de la misma moneda.
Señales que indican una emergencia
Hay ciertos síntomas que, sencillamente, no admiten espera. Si observas alguno de los que te contamos a continuación, no te quedes mirando a ver si la cosa mejora sola. Es el momento de descolgar el teléfono y pedir una cita urgente con tu veterinario.
Presta muchísima atención si detectas algo de esto:
-
Picor incontrolable: Y no me refiero a que se rasque un poco más de lo normal. Hablamos de un picor desesperante, frenético, que no le deja ni comer, ni dormir, ni jugar. Si ves que tu perro está realmente angustiado y nada de lo que haces le alivia lo más mínimo, es una urgencia.
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Lesiones abiertas o con pus: De tanto rascarse, morderse y lamerse, la piel se acaba rompiendo. Si ves que aparecen heridas abiertas, zonas que "sudan" un líquido amarillento o costras húmedas y pegajosas, es un signo casi seguro de una infección bacteriana secundaria (lo que los veterinarios llaman pioderma).
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Mal olor en la piel: Un olor fuerte y desagradable, como a rancio o a levadura, es una bandera roja gigante. Normalmente, este hedor indica que las bacterias o levaduras (como la famosa Malassezia) se han montado una fiesta en la piel debilitada de tu perro.
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Cambios de humor o comportamiento: El dolor y el malestar constantes pasan factura. Si tu perro, que suele ser un torbellino de alegría, de repente está apático, irritable, no quiere comer o se esconde, es su manera de gritarte que algo va muy mal.
Por qué no debes esperar
Pensar que "ya se le pasará" es el peor error que puedes cometer. Una infección por bacterias u hongos no se cura sola; necesita un tratamiento con antibióticos o antifúngicos que solo un veterinario puede y debe recetar.
Esperar demasiado puede convertir una infección superficial en una mucho más profunda y resistente, que exija tratamientos más largos y potentes. Mientras tanto, el círculo vicioso de picor-rascado-infección se acelera, provocando un sufrimiento innecesario a tu perro y destrozando aún más su barrera cutánea.
Un veterinario no solo pondrá freno a la infección, sino que aprovechará para revisar y ajustar todo el plan de manejo de la piel atópica de tu perro. Quizá haya que cambiar la medicación para el picor, pautar baños con un champú específico más a menudo o probar un tratamiento nuevo para volver a tomar las riendas.
Tú eres quien mejor conoce a tu perro. Convivir con él día a día te da un conocimiento increíble sobre lo que es "normal" en su piel y su comportamiento. Utiliza esa ventaja para detectar cualquier cambio a tiempo y no dudes ni un segundo en buscar ayuda profesional cuando las señales te digan que el problema os ha superado.
Resolvemos tus dudas sobre la piel atópica en perros
Cuando cuidas a un perro con piel atópica, es normal que te asalten mil dudas en el día a día. Vamos a despejar algunas de las más habituales para que te sientas más seguro y sepas que estás haciendo lo correcto por tu compañero.
¿Mi perro va a tener piel atópica toda la vida?
Esta es quizá una de las preguntas más difíciles, y la respuesta sincera es que sí. La dermatitis atópica tiene una base genética y se considera una condición crónica, lo que significa que no existe una cura como tal. Pero, y esto es muy importante, no quiere decir que tu perro no pueda tener una vida fantástica.
Con un buen plan de acción, que combine el seguimiento veterinario con una rutina de cuidado de la piel constante, los síntomas se pueden mantener a raya. El objetivo cambia: en lugar de buscar una cura, nos centramos en espaciar al máximo los brotes y reducir su intensidad cuando aparecen. Así garantizamos que viva feliz, sin el agobio constante del picor.
¿Le puedo poner mi crema hidratante?
Es una tentación muy común, sobre todo cuando vemos a nuestro perro pasarlo mal por el picor. Pero la respuesta es un no rotundo. Nunca, bajo ningún concepto, uses cosméticos para humanos en tu perro, y menos si su piel es tan sensible.
La razón es puramente biológica: la piel de los perros tiene un pH distinto al nuestro, mucho más alcalino. Nuestras cremas, formuladas para una piel más ácida, no solo no le ayudarán, sino que pueden desequilibrar aún más su barrera cutánea. Además, están llenas de perfumes, alcoholes y otros químicos que son muy irritantes para ellos y hasta tóxicos si los ingieren al lamerse. Utiliza siempre productos específicos para uso veterinario.
Usar una crema humana en un perro atópico es como intentar apagar un fuego con gasolina. Lejos de aliviar, puedes provocar una reacción mucho peor, aumentando la irritación, la sequedad y el picor que querías calmar.
¿Cada cuánto tiempo debería bañar a mi perro atópico?
Aquí es donde tenemos que romper con uno de los grandes mitos. Seguro que has oído mil veces que a los perros hay que bañarlos poco. Pues bien, en el caso de la piel atópica en perros, la regla se invierte.
Los baños terapéuticos son una pieza clave del tratamiento. Dependiendo de cómo se encuentre y de lo que te indique tu veterinario, la frecuencia puede ir desde una vez por semana hasta cada quince días. Los motivos son claros:
- Limpieza de alérgenos: Con cada baño, arrastramos el polen, los ácaros y otras partículas que se pegan a su piel y pelo y que son las que desencadenan la reacción.
- Acción tratante: Al usar un champú dermatológico adecuado, estamos aplicando directamente sobre la piel ingredientes que calman la inflamación, alivian el picor y ayudan a reconstruir la barrera cutánea dañada.
La clave no es tanto bañarlo mucho o poco, sino hacerlo siempre con el producto correcto.
Le cambié el pienso y se sigue rascando, ¿qué estoy haciendo mal?
Esta es una de las mayores fuentes de frustración para muchos dueños, y es totalmente comprensible. El problema nace de una confusión muy habitual entre dos problemas que, aunque se parecen, tienen orígenes muy diferentes: la alergia alimentaria y la dermatitis atópica.
- Una alergia alimentaria es una reacción a una proteína del alimento (como el pollo o la ternera).
- La dermatitis atópica es una reacción a alérgenos del ambiente (ácaros del polvo, polen, etc.).
Un mismo perro puede tener las dos cosas, pero cambiar la dieta no va a solucionar un problema ambiental. Si has probado un pienso hipoalergénico de forma estricta durante al menos 8 semanas y los picores no desaparecen, es casi seguro que la causa principal es la atopia.
No estás haciendo nada mal. Simplemente, la estrategia tiene que ser otra: enfócate en fortalecer la barrera de su piel con cuidados tópicos y sigue las indicaciones del veterinario para controlar su reacción a los alérgenos de su entorno.
¿Tu perro sufre picores, sequedad o irritaciones? En Masco Beauty entendemos que cada piel es un mundo. Por eso, hemos creado un test online para que descubras la rutina dermocosmética perfecta para las necesidades de tu mejor amigo. Encuentra los productos naturales y efectivos que le devolverán el bienestar a su piel. Realiza el test y personaliza su cuidado en Masco Beauty.
