A todos nos suena el típico «aliento de perro», y muchos lo damos por sentado como algo normal. Pero la realidad es que ese olor puede ser la primera señal de que algo no va bien en la boca de nuestro compañero, y los problemas que esconde van mucho más allá de un simple mal aliento. Una boca sana es, sin duda, uno de los pilares de su bienestar general.
¿Por qué la salud bucal de tu perro es tan importante?

Cuidar los dientes de un perro no es una cuestión de estética, sino de salud preventiva. Todo empieza de forma silenciosa: restos de comida y bacterias se mezclan y forman una capa pegajosa, la famosa placa. Si no la eliminamos a tiempo con el cepillado, esa placa se endurece y se convierte en sarro, ese depósito amarillento que se adhiere con fuerza al diente y que ya no sale tan fácilmente.
Aquí es donde empiezan los verdaderos problemas, que afectan directamente a la calidad de vida de nuestro perro. Por eso, la mejor estrategia siempre será la prevención desde casa.
El problema va más allá del mal aliento
Ese sarro acumulado irrita e inflama las encías, provocando lo que conocemos como gingivitis. Si no se trata, el problema avanza hacia una enfermedad periodontal, una afección mucho más grave que puede causar un dolor terrible, hacer que comer sea una tortura, provocar sangrado y, en el peor de los casos, la pérdida de dientes.
Pero la cosa no acaba ahí. Las bacterias de unas encías infectadas pueden colarse en el torrente sanguíneo y viajar por todo el cuerpo, llegando a órganos vitales. Esto dispara el riesgo de sufrir problemas muy serios en:
- El corazón: Las bacterias pueden alojarse en las válvulas cardíacas y causar endocarditis, una infección grave.
- Los riñones y el hígado: Estos órganos, que actúan como filtros, pueden acabar dañados por el esfuerzo extra de luchar contra una infección constante que circula por la sangre.
La conexión es directa: una boca descuidada puede acortar la vida de tu perro y llevar a tratamientos veterinarios caros y complicados. Cuidar de sus dientes es cuidar de su salud al completo.
Una realidad que no podemos ignorar
Los problemas dentales en los perros son mucho más comunes de lo que pensamos. Las cifras en España son para tomárselas en serio: más del 80% de los perros sufren enfermedades bucodentales en algún momento de su vida. El sarro es el culpable número uno, presente en el 75% de los casos.
Además, el tamaño importa. Los perros de raza pequeña tienen hasta 5 veces más probabilidades de desarrollar enfermedad periodontal que los grandes, lo que nos obliga a ser aún más rigurosos con su rutina de higiene. Puedes leer más sobre estos datos en este informe sobre salud bucodental canina.
Integrar el cuidado dental en el día a día es tan crucial como su paseo o su comida. Al igual que seguimos una rutina de belleza y cuidado general para tu perro, la higiene bucal merece su propio ritual. Aprender a cepillarle los dientes no solo le dará un aliento más fresco, sino que protegerá su salud para que siga feliz y sano a tu lado durante muchos años.
Tu kit de herramientas para una sonrisa canina de diez
Antes siquiera de pensar en acercarle el cepillo a la boca a tu perro, hay un paso previo fundamental: elegir bien las herramientas. Y no, no vale con usar lo que tienes en el baño. Usar productos para humanos no solo es inútil, sino que puede ser francamente peligroso para tu mejor amigo.
Vamos a montar juntos un "kit de higiene dental canina" de primera, para que tengas la seguridad de que todo lo que usas es para su bien y convierte este momento en algo positivo.
La pasta de dientes: la diferencia entre un premio y un veneno
Que quede meridianamente claro: la pasta de dientes para personas es tóxica para los perros. El flúor y, sobre todo, el xilitol (un edulcorante muy común) son veneno puro para ellos. Piensa que tu perro no escupe, se lo traga todo. Usar tu pasta podría provocarle desde un buen susto digestivo hasta una intoxicación grave.
Una buena pasta dental canina debe tener un par de cosas clave:
- Fórmulas enzimáticas: No te asustes con el nombre. Simplemente significa que contienen enzimas que se "comen" la placa y ayudan a que el sarro no se acumule, haciendo el trabajo sucio por ti incluso si el cepillado no es perfecto.
- Sabores que le gusten: Las hay de pollo, de ternera, de malta... La idea es que tu perro lo vea como un premio, no como una tortura. Un buen sabor lo cambia todo.
- Ingredientes 100% seguros: Tienen que estar hechas para ser tragadas sin problema, sin flúor, xilitol ni espumantes raros que le sienten mal a la tripa.
Un pequeño truco de veterano: si tu perro es un poco especialito con la comida, compra un par de sabores diferentes. Descubrir que le chifla la pasta con sabor a beicon puede ser la diferencia entre una pelea diaria y un ritual de mimos.
El cepillo perfecto para su boca
Igual que no usarías un cepillo de bebé para ti, no todos los cepillos valen para todos los perros. El tamaño de su boca y su carácter son decisivos.
Dedales de silicona: el primer paso
Son como un capuchón de silicona o microfibra que te pones en el dedo.
- ¿Para quién son? Perfectos para iniciar a los cachorros, para perros de razas mini (como un Yorkshire) o para los más miedosos que se asustan con un objeto extraño.
- Lo bueno: Te dan un control total y la sensación es más parecida a una caricia. Puedes masajearle las encías con suavidad, lo que ayuda a que se relaje.
Cepillos de dientes de toda la vida
Se parecen a los nuestros, pero están pensados para ellos. El mango suele ser más largo y la cabeza tiene un ángulo que te ayuda a llegar hasta la última muela del juicio.
- ¿Para quién son? Para la mayoría de perros adultos que ya no se asustan con el proceso.
- A tener en cuenta: Busca siempre cerdas suaves para no hacerle daño en las encías. Algunos modelos son un chollo, con un cabezal grande por un lado y uno pequeño por el otro. Súper prácticos.
Un consejo práctico: si tienes un perro grande, como un Labrador, un cepillo de doble cabezal te ahorrará tiempo. Si tienes un Chihuahua, un dedal de silicona será tu mejor opción para empezar y no abrumarlo.
Para que lo veas más claro, aquí tienes una pequeña chuleta que te ayudará a decidir.
Comparativa de herramientas para la higiene dental canina
Elegir el equipo adecuado puede parecer complicado, pero esta tabla te lo pone fácil. Aquí comparamos las opciones más comunes para que encuentres la combinación perfecta para tu perro.
| Herramienta | Ideal para | Ventajas | A tener en cuenta |
|---|---|---|---|
| Pasta enzimática | Todos los perros | Combate la placa activamente y tiene sabores atractivos. | Es crucial encontrar un sabor que le guste a tu perro. |
| Cepillo de dedo (dedal) | Cachorros, razas pequeñas, perros nerviosos | Ofrece un gran control y una sensación menos invasiva. | Menos efectivo para eliminar sarro ya acumulado. |
| Cepillo de doble cabezal | Perros medianos y grandes ya acostumbrados | Muy versátil y eficiente para llegar a todas las zonas. | Puede ser demasiado grande o intimidante para perros pequeños. |
| Mordedores dentales | Perros que odian el cepillado; como complemento | Fáciles de usar (el perro hace el trabajo) y ayudan a limpiar. | No sustituyen un buen cepillado y hay que elegir el tamaño correcto. |
| Enjuagues bucales | Como refuerzo para perros con mucho mal aliento | Fáciles de añadir al agua; combaten las bacterias. | Su eficacia es limitada si se usan solos. |
Recuerda que estas herramientas no son excluyentes. De hecho, la mejor estrategia suele ser combinar un buen cepillado con otras ayudas como los mordedores dentales.
Prepara el terreno para que todo salga bien
No basta con tener las mejores herramientas; el ambiente es clave. A nadie le gusta una sesión de limpieza dental en un momento de estrés.
Busca un momento de calma. El mejor momento suele ser después de un buen paseo o una sesión de juegos, cuando está relajado y un poco cansado. Evita hacerlo justo antes de iros a la calle o con la casa llena de gente.
Y, por supuesto, ten a mano sus premios favoritos. No tiene por qué ser una galleta. Una caricia efusiva, un "¡muy bien!" con tu tono más alegre o un trocito de salchicha al acabar son oro puro. El objetivo es que asocie el cepillo de dientes con algo genial que viene justo después.
Cómo conseguir que tu perro se deje lavar los dientes sin dramas
Aquí es donde nos jugamos el partido de verdad. La idea es transformar la limpieza dental, que puede ser una batalla, en un momento de confianza entre tú y tu perro. La clave del éxito no está en la fuerza, sino en la paciencia, la constancia y una montaña de premios y mimos. Olvídate de la idea de sujetarlo contra su voluntad; el objetivo es que lo acepte, e incluso que le guste.
El secreto es ir muy, muy despacio. Vamos a dividir todo el proceso en pequeños pasos que tu perro pueda asimilar sin agobiarse. Cada pequeño avance, por insignificante que parezca, tienes que celebrarlo como si hubiera ganado un premio. Si en algún momento lo ves incómodo, para en seco. Es mucho mejor dar un paso atrás y volver a intentarlo mañana que crearle un mal recuerdo.
No busques una limpieza de anuncio desde el primer día. El verdadero éxito es construir una rutina que tu perro tolere y, con el tiempo, acepte como algo normal y corriente.
Fase 1: Acostumbrarlo al manoseo
Antes siquiera de pensar en cepillos o pastas, tu perro tiene que estar totalmente tranquilo cuando le tocas la boca. Esta fase puede durar varios días o incluso un par de semanas, todo depende de su carácter. No tengas ninguna prisa, porque esta es la base sobre la que construiremos todo lo demás.
Busca un momento en el que esté relajado, quizás mientras lo acaricias en el sofá. Con mucha suavidad, levántale el belfo (el labio superior) durante un segundo y suéltalo. Justo después, dale un premio y felicítalo con entusiasmo. Repite esto un par de veces.
Poco a poco, alarga el tiempo que mantienes el labio levantado y empieza a tocarle suavemente las encías y los dientes con el dedo. Lo que buscamos es que asocie tu dedo cerca de su boca con algo bueno: caricias y premios.
Fase 2: Presentamos la pasta de dientes
Cuando tu perro ya te deje tocarle los dientes sin problema, llega el momento de introducir la pasta. Recuerda que has elegido una con un sabor que, en teoría, le va a encantar. ¡Ahora toca comprobarlo!
Ponte una pequeña cantidad de pasta en el dedo y deja que la lama. La mayoría de los perros, al oler el sabor a pollo o a ternera, la probarán sin pensárselo. Si lo hace, ¡celébralo a lo grande!
Ahora juntamos las dos fases. Ponte pasta en el dedo y, mientras le levantas el labio, frótala con suavidad sobre un par de dientes. Al principio, céntrate en los colmillos y los dientes de delante, que son los más fáciles de alcanzar. Con un par de segundos es más que suficiente.
Este gráfico resume muy bien el proceso: primero, que se familiarice con la pasta; luego, introducimos el cepillo; y siempre, siempre, terminamos con un premio para que la experiencia sea positiva.
La sencillez de estos pasos es su mayor virtud. Convierte una tarea que podría ser estresante en una rutina predecible y gratificante para tu colega.
Fase 3: Y por fin... el cepillo
Ahora que tu perro ya asocia el sabor de la pasta y el contacto en su boca con algo bueno, podemos meter en la ecuación la herramienta final: el cepillo. Da igual si es un dedal de silicona o un cepillo de cerdas, el procedimiento es el mismo.
Primero, deja que lo huela y lo investigue a su ritmo. Ponle un poquito de pasta encima para que la lama. Queremos que entienda que este objeto nuevo también trae consigo ese sabor tan rico que ya conoce.
Una vez que lo acepte, prueba a cepillarle un solo diente durante un par de segundos. Solo uno. Y después, ¡fiesta! Premio, caricias y palabras de ánimo. En las siguientes sesiones, ve aumentando gradualmente el número de dientes y el tiempo de cepillado.
La técnica correcta para cepillar
- El movimiento: Haz movimientos circulares y suaves, colocando el cepillo en un ángulo de 45 grados con respecto al diente, justo en la línea donde se une con la encía.
- El foco: Concéntrate en la cara exterior de los dientes. Ahí es donde se acumula la mayor parte del sarro y, por suerte, es la zona más fácil de limpiar. No te obsesiones con la parte de dentro al principio.
- Las zonas clave: Pon especial atención en los grandes molares del fondo y en los colmillos. Son los que más trabajan y, por tanto, los que más placa suelen acumular.
No conviertas el cepillado en una maratón. Una sesión de uno o dos minutos al día es mucho más efectiva que una pelea de diez minutos una vez al mes. La constancia es lo que marca la diferencia.
Cómo crear un hábito para toda la vida
El refuerzo positivo no es solo darle un trocito de salchicha al final. Es el tono de voz que usas, las caricias que le das y, sobre todo, la calma que transmites durante todo el proceso.
Consejos para triunfar a largo plazo
- Sé predecible: Intenta hacerlo siempre a la misma hora y en el mismo sitio. A los perros les encantan las rutinas porque les dan seguridad.
- Mantén la calma: Si tú estás nervioso, él lo va a notar y se pondrá en alerta. Respira hondo y transmítele que todo está bajo control.
- Hazlo divertido: Usa una palabra clave como "¡dientes!" o "¡sonrisa!" justo antes de empezar, siempre con un tono alegre y juguetón.
- Adapta el premio: No a todos los perros les vuelve locos la comida. Para algunos, el mejor premio del mundo es un rato de juego con su pelota favorita justo después del cepillado.
Crear un buen hábito lleva tiempo. Si un día tu perro no está para nada receptivo, no pasa nada. Un cuidado constante, como el que aplicas al bañar a tu perro de forma adecuada, se basa en la consistencia a largo plazo, no en la perfección de cada sesión. Ten paciencia y celebra cada pequeño progreso. Estás invirtiendo en muchos años de salud y bienestar para él.
¿No hay cepillado? Otras formas de mantener a raya el sarro
Seamos realistas: a veces la vida se interpone y cepillarle los dientes a tu perro cada día se convierte en una misión imposible. O puede que, sencillamente, tu perro haya decidido que el cepillo es su archienemigo y no hay manera de convencerle. Si te encuentras en esa situación, respira, porque no está todo perdido.
Por suerte, existen herramientas y productos muy eficaces que pueden complementar un cepillado menos frecuente o, en casos de rebeldía total, ser tu principal línea de defensa contra la placa y el sarro. La idea no es buscar excusas, sino ser prácticos y montar un plan de higiene bucal que de verdad funcione para vosotros dos.
El poder de morder (de forma controlada)
Una de las maneras más instintivas y naturales de limpiar los dientes es masticando. Esa acción mecánica de roer y morder ayuda a raspar la placa de la superficie dental antes de que se endurezca y se convierta en ese sarro tan difícil de quitar.
Snacks y premios dentales: ¿funcionan de verdad?
El pasillo de premios para perros está lleno de opciones que prometen una sonrisa de anuncio. Y sí, muchos funcionan, pero hay que saber elegirlos. Un buen snack dental no es solo una golosina; su eficacia reside en su forma y textura únicas. Están diseñados para que el diente se hunda al morder, creando una fricción que limpia de forma muy parecida a como lo haría un cepillo.
Ojo con el tamaño. Es clave elegir un snack dental adecuado para la boca de tu perro. Si es demasiado pequeño, se lo tragará casi entero y no habrá efecto limpiador. Si es demasiado grande, puede frustrarse o, peor aún, correr riesgo de atragantamiento.
Juguetes mordedores con un propósito
Más allá de los premios que se comen, los juguetes son unos aliados fantásticos. Pero no vale cualquiera. Hablamos de juguetes diseñados específicamente para la salud dental. Busca opciones de caucho resistente con todo tipo de texturas, ranuras y bultitos. Mientras tu perro se lo pasa en grande mordiendo, todas esas superficies irregulares le masajean las encías y rascan sus dientes.
- Juguetes que esconden un truco: Algunos modelos geniales tienen huecos donde puedes meter un poco de pasta de dientes canina. Así, sin que se dé cuenta, cada sesión de juego se convierte en una limpieza activa.
- Las cuerdas de toda la vida: Cuando un perro muerde una cuerda trenzada, las fibras se deslizan entre los dientes, actuando como una especie de hilo dental improvisado. ¡Simple pero efectivo!
Productos que trabajan en segundo plano
Otra categoría de productos súper útil es la de aquellos que actúan sin necesidad de frotar. Son el refuerzo perfecto o la solución ideal para esos perros que no soportan que les manipules la boca.
Aditivos para el agua
Estos son la comodidad hecha producto. Solo tienes que añadir la dosis que indica el fabricante en su cuenco de agua diario y listo. Suelen llevar enzimas o componentes antibacterianos que luchan contra las bacterias que causan la placa y el mal aliento cada vez que bebe. Es una forma pasiva, pero constante, de mantener el frente a raya las 24 horas del día.
Geles y espráis bucales
Estos se aplican directamente sobre la línea de las encías, sin necesidad de cepillar. La magia está en su fórmula, que se activa con la propia saliva del perro y se reparte por toda la boca. Un buen truco es aplicarlos justo antes de ir a dormir, que es cuando la producción de saliva baja y las bacterias aprovechan para hacer de las suyas.
Integrar estos productos crea una rutina de cuidado mucho más sólida, de la misma forma que un buen limpiador de oídos es fundamental para su higiene general. Si te interesa, puedes echar un vistazo a nuestra guía sobre la limpieza de orejas en perros, que se basa en la misma filosofía de cuidado preventivo.
Eso sí, recuerda que nada de esto es magia. Su eficacia se dispara cuando los combinas. Un plan realista podría ser: cepillado tres veces por semana, un snack dental en los días de descanso, un juguete mordedor siempre a su alcance y aditivo en el agua a diario. Este enfoque desde varios frentes te dará muchas más posibilidades de ganar la batalla contra la placa.
Cuándo es hora de llamar al veterinario: señales que no puedes ignorar

El cuidado dental en casa es nuestra primera línea de defensa, pero seamos realistas: hay batallas que no podemos ganar con un simple cepillo de dientes. Saber reconocer cuándo un problema bucal supera nuestras capacidades es tan crucial como la propia rutina de limpieza.
Tu perro no te va a decir "oye, me duele una muela", pero te enviará señales a su manera. Aprender a leer esos mensajes, a veces sutiles, es parte de nuestra responsabilidad. Si las pasas por alto, un problema que podría ser sencillo se puede convertir en una urgencia dolorosa y, francamente, mucho más cara.
Las banderas rojas en su boca y comportamiento
Hay síntomas que son como luces de neón parpadeando: imposibles de ignorar. Si detectas alguno de los siguientes, no caigas en la trampa de "esperar a ver si se le pasa". El tiempo, en estos casos, juega en nuestra contra.
Ese mal aliento que no se va
No me refiero al típico "aliento de perro" después de una siesta. Hablo de un olor realmente fétido, agrio y persistente que se nota a distancia. Si te hace arrugar la nariz, es una señal inequívoca de que hay una infección bacteriana importante o incluso tejido en descomposición.
Encías que están pidiendo a gritos ayuda
Unas encías sanas tienen un aspecto rosado y saludable (a menos que tu perro tenga pigmentación natural oscura) y están firmes al tacto. Presta mucha atención si las ves:
- Rojas e hinchadas: Es el signo clásico de la gingivitis. La inflamación es evidente y es la antesala de problemas mayores.
- Sangrantes: Si sangran con solo cepillarlas, al morder un juguete o incluso al comer, la inflamación ya es seria.
- Pálidas: Unas encías casi blancas pueden ser síntoma de anemia u otros problemas sistémicos graves, así que es motivo de consulta urgente.
Cambios al comer o jugar
El dolor de boca se refleja directamente en sus rutinas. Fíjate si de repente empieza a masticar solo por un lado, se le cae la comida del cuenco o pierde el interés por esos mordedores que antes le volvían loco. A veces, la señal es tan sutil como un pequeño quejido al bostezar o un rechazo a que le toques la cara.
Si tu perro, que siempre ha sido un glotón, de repente come con desgana o directamente rechaza su pienso, la boca debería ser tu primera sospechosa. El dolor puede ser tan intenso que prefiera pasar hambre a enfrentarse al suplicio de masticar.
El diagnóstico profesional: la limpieza dental veterinaria
Una vez que el sarro se ha acumulado y endurecido hasta convertirse en esa costra marrón, el cepillado en casa ya no sirve de nada. No puedes rascarlo tú mismo. La única solución real y efectiva es una limpieza dental profesional, técnicamente llamada tartrectomía. Y no, no es solo una limpieza superficial.
Este procedimiento se realiza siempre bajo anestesia general. Es algo que asusta a muchos dueños, pero es absolutamente necesario para que el veterinario pueda trabajar de forma segura y minuciosa, sin causar estrés ni dolor al animal. Con un equipo de ultrasonidos, se rompe y elimina el sarro visible y, lo más importante, el que se esconde bajo la línea de las encías, que es el verdaderamente peligroso.
Después, se pulen los dientes para dejar la superficie lisa, lo que dificulta que la placa bacteriana vuelva a pegarse con facilidad. Es una inversión en salud que previene la enfermedad periodontal y puede salvar piezas dentales. Para que te hagas una idea, en España una limpieza dental rutinaria suele costar entre 80 y 150 euros, un precio más que razonable para evitar males mayores. Si quieres saber más, puedes consultar información sobre el coste y el proceso de la limpieza dental para perros para entender por qué es un pilar del cuidado preventivo.
Resolvemos tus dudas sobre el cuidado dental de tu perro
Por muy completa que sea una guía, la práctica del día a día siempre trae preguntas nuevas. Vamos a resolver aquí las dudas más comunes que suelen surgir al lavar los dientes a un perro, para que tengas la respuesta a mano justo cuando la necesites.
¿Cuándo es el mejor momento para empezar a cepillarle los dientes a mi cachorro?
Aquí la respuesta es de manual: cuanto antes, mejor. El momento ideal para que tu cachorro empiece a familiarizarse con el cepillo es entre los 3 y 4 meses de edad. Justo en esa ventana de tiempo en la que sus dientes de leche empiezan a dar paso a los definitivos.
Ojo, el objetivo al principio no es hacer una limpieza de profesional. Lo que buscamos es crear un hábito positivo y tranquilo. Empieza con sesiones súper cortas, de apenas unos segundos. Usa tu dedo o un dedal de silicona para masajearle suavemente las encías y los dientes con un poquito de pasta para cachorros.
Si lo introduces así, de forma gradual y amable, el cepillado se convertirá en una parte más de su rutina, y te ahorrarás muchas batallas cuando sea un perro adulto. La clave del éxito es la paciencia y mucho refuerzo positivo.
Mi perro odia que le cepille los dientes, ¿qué puedo hacer?
Si cada intento de cepillado se convierte en una pelea, lo primero es parar y tomar aire. Nunca, bajo ningún concepto, lo fuerces. Forzar la situación solo conseguirá que asocie el cepillo con algo malo, y cada vez será más difícil.
Lo que tienes que hacer es dar un paso atrás y empezar de cero, como si fuera un cachorro otra vez.
- Sesiones de visto y no visto: Limítate a cepillados de 15 a 30 segundos. La meta es terminar antes de que él empiece a agobiarse.
- Convierte el cepillo en algo genial: La pasta de dientes y el cepillo deben anunciar que algo increíble está por llegar. Deja que la chupe del cepillo y, justo después, dale su premio favorito.
- Busca aliados: Si la resistencia es demasiado fuerte, no te frustres. Refuerza su higiene bucal con otras herramientas, como snacks dentales de calidad, juguetes mordedores diseñados para limpiar o incluso aditivos para el agua.
Recuerda siempre esto: la constancia es mucho más importante que la perfección. Es mil veces mejor un cepillado imperfecto de 30 segundos tres veces a la semana que una batalla campal de cinco minutos que os deje a los dos hechos polvo.
Siendo realista, ¿con qué frecuencia debería cepillarle los dientes?
Si hablamos de lo ideal, el estándar de oro que recomiendan los veterinarios es el cepillado diario. ¿Por qué? Porque la placa bacteriana es muy rápida. Tarda solo entre 24 y 48 horas en empezar a endurecerse y convertirse en sarro. La limpieza diaria es, sin duda, la forma más eficaz de romper ese ciclo.
Ahora, seamos sinceros: la vida a veces se complica. Si un cepillado diario no te encaja en la rutina, no tires la toalla. Establecer una frecuencia de 3 o 4 veces por semana sigue siendo increíblemente bueno. Hacerlo así marcará una diferencia abismal en su salud dental a largo plazo comparado con no hacerlo nunca.
He oído hablar del bicarbonato y otros remedios caseros, ¿son seguros?
La respuesta aquí es un no rotundo. Aunque internet esté lleno de "recetas" y trucos caseros, usar productos que no están diseñados para perros es una malísima idea que puede salir muy cara.
El bicarbonato de sodio, por ejemplo, tiene un pH muy alcalino que puede provocarle problemas estomacales si lo traga. Por no hablar de que es demasiado abrasivo y puede dañar el esmalte de sus dientes, dejándolos más expuestos a problemas futuros.
La norma es simple: utiliza siempre productos formulados específicamente para perros. Las pastas dentales caninas están hechas para que puedan tragárselas sin peligro, no contienen ingredientes tóxicos para ellos como el flúor o el xilitol, y además vienen con sabores que les gustan. Esto último, créeme, facilita muchísimo las cosas.
No tomarse en serio la higiene dental tiene consecuencias. Se calcula que alrededor del 85% de los perros de mediana y avanzada edad sufren algún tipo de problema bucodental. De hecho, un estudio reciente encontró problemas muy comunes como fracturas dentales (68,75%), pérdida de dientes (34,37%) y recesión de las encías (31,25%). Puedes leer más sobre la importancia de la limpieza dental canina y cómo afecta a su salud en general.
El cuidado dental es solo una pieza del puzle del bienestar de tu perro. En Masco Beauty, entendemos que una piel sana y un pelaje cuidado son igual de importantes. Descubre nuestras rutinas de dermocosmética natural personalizadas para las necesidades específicas de tu mascota en https://mascobeauty.com y dale el cuidado completo que se merece.
