Que tu perro se rasque, tenga la piel roja o pierda pelo es una de las razones más comunes para acabar en la consulta del veterinario. Y no es para menos. Estos síntomas no son solo una molestia superficial; son una señal de alarma de que la barrera más importante de tu mascota, su piel, está pidiendo a gritos un poco de ayuda.
Por qué la piel de tu perro te está pidiendo ayuda
Piensa en la piel de tu perro como si fuera su armadura personal. No es solo un manto de pelo bonito, sino su primera línea de defensa contra todo lo que le rodea: bacterias, alérgenos, parásitos... Es un órgano vivo y complejo que nos dice mucho sobre su salud general, le ayuda a regular su temperatura y lo protege del exterior.
Cuando esa armadura se debilita o se agrieta, empiezan los problemas de verdad. El picor constante, ese lamido que no para, las rojeces o las costras son las señales que te envía. Es su manera de decirte: "Oye, algo no va bien aquí abajo, ¿me echas una pata?". Esta situación es frustrante para todos: para él, que vive con una molestia continua, y para ti, que lo ves sufrir sin saber muy bien qué hacer.
Esto es más que un simple picor
No es ninguna coincidencia que los problemas de piel sean tan habituales en los perros. Las cifras no mienten: casi el 60% de las visitas al veterinario están relacionadas con alguna afección dermatológica. Este dato nos deja claro por qué no debemos ignorar un rascado que se alarga en el tiempo.
Un picor que no se va casi nunca es "normal". Suele ser la primera pista de un problema más profundo, como una alergia que no conocíamos, una infección o la visita de algún parásito indeseado. Cogerlo a tiempo es fundamental para que una pequeña irritación no acabe convirtiéndose en una herida infectada o en un problema crónico.
En esta guía, vamos a bucear en las causas que debilitan esa armadura natural de tu perro. Te enseñaremos cómo una rutina de cuidado bien pensada, que ataque la raíz del problema y no solo el síntoma, puede devolverle el equilibrio a su piel. Veremos cómo la dermocosmética natural puede fortalecer esa barrera desde dentro y prevenir futuras crisis, para que tu compañero de vida recupere por fin la tranquilidad y el bienestar que se merece.
¿Qué le pasa en la piel a mi perro? Los problemas más comunes
La piel de tu perro es su primera línea de defensa, un verdadero mapa que refleja su estado de salud general. Cuando algo no va bien por dentro, la piel suele ser la primera en dar la voz de alarma.
El problema es que muchos de los síntomas se parecen: picor, rojeces, caída de pelo… ¿Cómo saber qué está pasando? No hace falta que te conviertas en veterinario, pero sí es fundamental que aprendas a leer esas señales. Así podrás actuar a tiempo y darle al profesional la información que necesita para un buen diagnóstico.
Vamos a ver juntos cuáles son los problemas más habituales que podrías encontrarte, qué pistas buscar y por qué aparecen.
Piensa en la piel sana como un escudo impenetrable. Pero cuando esa barrera se debilita, deja la puerta abierta a todo tipo de problemas, que son los que vemos como síntomas en nuestro perro.
Lo que vemos por fuera, como el picor o las calvas, no es más que la punta del iceberg. Es la señal de que las defensas naturales de la piel están superadas.
Dermatitis alérgica: el enemigo invisible
¿Sabes lo que es una alergia? Imagina que el sistema inmunitario de tu perro es un vigilante de seguridad un poco paranoico. En lugar de atacar solo a los ladrones (virus, bacterias peligrosas), se pone a la defensiva con cualquier cosa que le parezca sospechosa, aunque sea inofensiva.
La dermatitis alérgica es uno de los diagnósticos más frecuentes en la consulta veterinaria, y suele tener tres culpables principales:
Alergia a la picadura de pulga (DAPP): Es, de lejos, la más común. Curiosamente, el problema no es la pulga en sí, sino una reacción a su saliva. A veces, una sola picadura basta para provocar un picor desesperante, sobre todo en la zona del lomo, la base de la cola y la barriga.
Alergia ambiental (Atopia): Es muy parecida a la alergia al polen en las personas, solo que en los perros los síntomas se reflejan en la piel. Los desencadenantes suelen ser el polen, los ácaros del polvo o el moho. Verás que el picor se centra en la cara, las orejas, las patas y las axilas.
Alergia alimentaria: Aquí la reacción es contra un ingrediente de su comida, casi siempre una proteína (como el pollo o la ternera). A diferencia de la atopia, este picor no depende de la estación del año y a menudo viene acompañado de problemas digestivos u otitis que no se acaban de curar.
Para que te hagas una idea de su importancia, los problemas de piel son el segundo motivo de visita al veterinario, representando el 12,58% del total de consultas. Se calcula que el 58% de los perros sufre algún problema cutáneo a lo largo de su vida, y de ellos, un 42% tiene un origen alérgico.
Infecciones por bacterias y hongos
Cuando la barrera de la piel está dañada por culpa de una alergia, el rascado continuo o la humedad, los microorganismos que viven ahí de forma natural aprovechan el caos para multiplicarse sin control.
Pioderma (infección bacteriana): Casi siempre es una consecuencia de otro problema. Lo identificarás por la aparición de granitos con pus, zonas enrojecidas y húmedas (los famosos hot spots), costras y, a veces, un olor bastante desagradable.
Dermatitis por Malassezia (infección por levaduras): A esta levadura le encantan las zonas húmedas y con más grasa, como las orejas, las axilas o los pliegues de la piel. Provoca un picor muy intenso, enrojecimiento, una piel que se vuelve más gruesa y un olor a rancio muy característico.
Parásitos: los okupas indeseados
Las pulgas no son los únicos bichitos que pueden instalarse en la piel de tu perro y causarle un verdadero calvario.
Sarna sarcóptica: La causa un ácaro llamado Sarcoptes scabiei. Es terriblemente contagiosa (¡incluso para nosotros!) y provoca un picor que saca de quicio a cualquier perro. Las lesiones suelen empezar en los bordes de las orejas, los codos y la tripa.
Sarna demodécica: El ácaro Demodex es un habitante natural de la piel de casi todos los perros. El problema aparece cuando sus defensas bajan (por ser cachorro, por otra enfermedad…) y los ácaros se reproducen sin freno. Suele provocar zonas sin pelo, pero curiosamente, no siempre pica tanto como la sarcóptica.
Si no tienes claro qué le puede estar pasando al tuyo, una buena forma de empezar es respondiendo a unas pocas preguntas. Completa nuestro test de piel y pelaje y te daremos una recomendación personalizada para empezar a cuidarlo.
Para ayudarte a distinguir entre tantos síntomas, hemos preparado esta tabla resumen. No sustituye a un veterinario, pero te dará buenas pistas para saber por dónde pueden ir los tiros.
Guía rápida para identificar problemas de piel en tu perro
Problema de piel
Síntomas clave
Zonas más afectadas
Posible causa
Alergia (DAPP)
Picor intenso y repentino, mordisqueo, caída de pelo.
Lomo, base de la cola, abdomen.
Saliva de la pulga.
Alergia (Atopia)
Picor estacional, lamido de patas, otitis.
Cara, orejas, patas, axilas, ingles.
Polen, ácaros, moho.
Infección bacteriana
Granitos, pústulas, costras, "hot spots" húmedos.
Cualquier zona, a menudo en abdomen o pliegues.
Barrera cutánea dañada.
Infección por levaduras
Piel enrojecida, engrosada, mal olor, picor.
Orejas, axilas, entre los dedos, pliegues.
Humedad y calor.
Sarna sarcóptica
Picor desesperante, costras gruesas, caída de pelo.
Bordes de las orejas, codos, pecho.
Ácaro Sarcoptes.
Genética: cuando la raza marca la diferencia
Lamentablemente, hay perros que nacieron con más papeletas para sufrir problemas de piel. Conocer los puntos débiles de su raza es una gran ventaja para poder anticiparte.
Perros con arrugas (Bulldog, Shar Pei): Esos pliegues tan adorables son el caldo de cultivo perfecto para bacterias y levaduras por la falta de ventilación y la humedad que se acumula.
Razas de piel sensible (Galgo, Boxer): Tienen el pelo muy corto y la piel más fina, lo que los hace más propensos a irritaciones por contacto, quemaduras solares o simple sequedad.
Perros con predisposición a alergias (Bulldog Francés, Golden Retriever, Westie): Estas razas son las campeonas en las estadísticas de dermatitis atópica.
Sequedad en almohadillas y trufa
A menudo nos olvidamos de ellas, pero las almohadillas y la trufa también son piel y también sufren. El asfalto que quema en verano, la sal de la nieve en invierno o la calefacción en casa pueden resecarlas hasta provocar dolorosas grietas. Una almohadilla agrietada no solo duele, sino que es una puerta de entrada directa para las infecciones.
Ahora que conoces las causas más comunes, seguro que empezarás a mirar a tu perro con otros ojos. No se trata de que te pongas a diagnosticar, sino de que te conviertas en un detective. ¿El picor es en un sitio concreto? ¿Empezó de repente? ¿Coincide con la primavera o con un cambio de pienso? Cada pista que reúnas es oro puro para ayudar a tu veterinario y, sobre todo, para devolverle a tu perro el bienestar que se merece.
Cómo actuar cuando detectas un problema en la piel de tu perro
Ver a tu perro rascarse sin parar, lamerse una zona hasta dejarla en carne viva o perder pelo de repente es algo que nos pone en alerta a todos. La primera reacción es querer hacer algo, cualquier cosa, para aliviarle ya. Pero, créeme, a veces las prisas son malas consejeras y pueden complicar más la situación. Lo mejor que puedes hacer es respirar hondo, mantener la calma y seguir un plan.
Antes de lanzarte a buscar remedios milagrosos por internet, tu primera misión es convertirte en un detective. Observar y documentar con detalle es, sin duda, el paso más valioso. Es la información que le dará a tu veterinario las pistas clave para llegar al fondo del asunto.
El primer paso no es curar, es observar
Antes de aplicar ninguna crema o champú, coge tu móvil y una libreta. La información que vas a recopilar ahora mismo es oro puro para entender qué está pasando y cómo evoluciona.
Saca fotos claras: Haz varias fotos de las zonas afectadas. Busca buena luz y distintos ángulos para captar bien el color, la forma y si hay costras, granitos o inflamación. Repite este proceso cada día; así tendrás un diario visual de la evolución, para bien o para mal.
Anota todos los detalles: Piensa y apunta. ¿Cuándo empezó todo? ¿Ha habido algún cambio reciente en su pienso, en los productos de limpieza de casa, en sus rutas de paseo? ¿Se rasca todo el día o solo después de comer o volver de la calle?
Localiza las zonas afectadas: En un papel, dibuja un esquema sencillo de tu perro y marca con precisión dónde tiene las lesiones o dónde se rasca más. Esto es muy útil, ya que ciertos patrones (como picor en las patas y la barriga) suelen apuntar a causas concretas, como alergias o parásitos.
Este pequeño ejercicio te dará una visión mucho más clara de la situación y te permitirá explicarle al veterinario lo que pasa con una precisión que ni te imaginas.
Lo que nunca, nunca debes hacer
Tu intención es buena, lo sé, pero algunos impulsos pueden ser totalmente contraproducentes. Evitar estos errores es tan importante como saber qué hacer.
No uses remedios caseros sin consultar: El aceite de árbol de té, el vinagre o el bicarbonato pueden parecer naturales, pero la piel de un perro tiene un pH muy distinto al nuestro. Podrías provocarle una quemadura química o una reacción alérgica aún peor.
No apliques cremas para humanos: Pomadas con corticoides, antibióticos o incluso tu crema hidratante están formuladas para nosotros, no para ellos. Pueden ser tóxicas si se las lamen (y lo harán) y, además, pueden ocultar los síntomas, dificultando muchísimo que el veterinario sepa qué ocurre realmente.
No esperes demasiado si los síntomas son graves: Observar es clave, pero tiene un límite. Si el problema avanza a pasos agigantados, hay que actuar.
Saber cuándo la situación es una urgencia es fundamental. Si tu perro muestra un dolor evidente, las lesiones sangran o supuran, el problema se extiende muy rápido o su comportamiento cambia de forma drástica (está apático, irritable o sin ganas de nada), no hay tiempo que perder.
Cuándo llamar al veterinario
La gran mayoría de los problemas de piel en perros necesitan la opinión de un profesional para dar con el diagnóstico correcto y, sobre todo, con el tratamiento adecuado. No dudes en llamar a tu clínica de confianza, sobre todo si identificas alguna de estas señales de alerta:
Un picor incontrolable que no le deja ni dormir ni jugar tranquilo.
Mal olor que sale de la piel o de las orejas.
Heridas abiertas, costras que se extienden o cualquier tipo de supuración.
Pérdida de pelo en grandes mechones o en zonas con forma de círculo.
Cambios en el aspecto de la piel, como que se vuelva más gruesa, oscura o áspera.
Actuar con información y prudencia te permitirá manejar la situación sin añadirle más estrés ni a tu perro ni a ti, y te asegurarás de que reciba la ayuda que necesita cuanto antes.
La solución dermocosmética que previene y alivia
Imagina poder cuidar la piel de tu perro con la misma atención y productos específicos que usas para la tuya. Esto ya no es ninguna fantasía, es la base de la dermocosmética canina: una filosofía de cuidado que va mucho más allá de un simple baño.
En lugar de poner parches a los síntomas con soluciones que solo dan un alivio pasajero, este enfoque se va directo a la raíz del problema. La meta es fortalecer la barrera cutánea desde dentro para que la propia piel sea capaz de defenderse. Es un cambio de mentalidad total: pasamos de reaccionar ante los problemas a prevenirlos de forma activa.
Más allá del champú de toda la vida
La dermocosmética entiende perfectamente que la piel de un Bulldog, con sus pliegues, no tiene nada que ver con la de un Galgo, mucho más fina y expuesta. Por eso, no trata a todas las pieles por igual. Su secreto está en usar ingredientes activos naturales y veganos con eficacia demostrada científicamente.
Estos ingredientes trabajan en sintonía para conseguir varios objetivos a la vez:
Calmar la irritación: Activos como la avena coloidal o el aloe vera son fantásticos para reducir el enrojecimiento y el picor casi al instante, dándole a tu perro ese alivio que tanto necesita.
Hidratar en profundidad: Ingredientes como la manteca de karité o el aceite de coco le devuelven a la piel la humedad perdida, algo vital para mantenerla elástica y evitar que se agriete.
Reequilibrar el ecosistema de la piel: Algunos componentes ayudan a restaurar el microbioma cutáneo, que es como un ejército de microorganismos buenos que la protegen de posibles infecciones.
La clave no está en usar un arsenal de productos, sino en usar los productos adecuados con constancia. Una buena rutina de cuidado es tu mejor aliada para construir una piel fuerte y resistente a largo plazo.
No nos engañemos, el impacto de los problemas de piel en perros es enorme. Un estudio reciente en España desveló que el 52,2% de los perros y gatos han tenido algún problema de salud en el último año. La dermatitis atópica, en particular, es una de las afecciones más habituales, afectando a un 7,4% de ellos. Estas cifras dejan claro por qué es tan importante un cuidado proactivo que vaya más allá de tratar los síntomas cuando ya han aparecido.
Construyendo una piel a prueba de problemas
Crear una rutina de cuidado es mucho más fácil de lo que parece. No se trata de complicarte la vida, sino de introducir pequeños gestos que, sumados, marcan una diferencia abismal. El secreto está en ser constante y elegir productos pensados específicamente para las necesidades de tu perro.
El baño es un punto de partida perfecto. Cambiar un champú genérico por uno dermatológico adaptado puede transformar la salud de su piel. Un buen champú natural para perros con ingredientes calmantes no solo limpia, sino que trata la piel con cada lavado, ayudando a mantener los brotes a raya.
Además del baño, hay otros productos que podéis integrar en vuestro día a día sin esfuerzo. Por ejemplo, una crema para almohadillas de absorción rápida aplicada después de los paseos protege sus patas de las grietas y la sequedad que provocan el asfalto o el frío. De la misma forma, un limpiador de oídos suave, usado una vez por semana, puede prevenir las molestas otitis, tan frecuentes en perros con alergias.
Estos son los pilares de una rutina dermocosmética que funciona:
Limpieza respetuosa: Usa un champú con un pH adaptado a su piel, sin sulfatos ni parabenos, que limpie sin arrastrar los aceites naturales que la protegen.
Hidratación específica: Aplica cremas o bálsamos en zonas críticas como las almohadillas, la trufa o los codos, sobre todo si vives en un clima seco o con temperaturas extremas.
Cuidado preventivo: Incorpora limpiadores de oídos o de la zona de los ojos para mantener a raya las infecciones en las áreas más delicadas.
Atención a su raza: Si tu perro tiene pliegues, pelo largo o una piel sensible por genética, ajusta la rutina para darle justo lo que necesita.
Al adoptar este enfoque, no solo estás aliviando sus picores de hoy. Estás invirtiendo en su salud de mañana, construyendo una barrera cutánea fuerte y equilibrada que estará mucho mejor preparada para enfrentarse a alérgenos, parásitos y otros desafíos. Es la diferencia entre estar siempre apagando fuegos y construir una casa a prueba de incendios.
Cómo influye el clima en la piel de tu perro
Cuando nuestro perro tiene problemas de piel, solemos pensar en alergias o en su alimentación. Sin embargo, a menudo pasamos por alto un factor tan evidente que se nos olvida: el clima. La piel de un perro es un órgano increíblemente sensible a los cambios del entorno, y cada estación del año trae consigo sus propios desafíos que pueden debilitar su barrera protectora natural.
Piénsalo, nosotros mismos cambiamos nuestra ropa y nuestra rutina de cuidado facial según haga frío o calor. Pues la piel de nuestros perros necesita exactamente lo mismo, una atención especial que se adapte a cada momento del año. Entender cómo le afecta el clima te permitirá adelantarte a los problemas de piel en perros y mantener su piel fuerte y sana los 365 días, evitando que lo que empieza como una simple sequedad acabe convirtiéndose en una herida dolorosa.
El desafío del invierno: el frío y el aire seco
El invierno puede ser especialmente duro para la piel de los perros. En cuanto bajan las temperaturas, ponemos la calefacción a tope, creando un ambiente interior muy seco. Este aire, literalmente, le "roba" la humedad a la piel de tu perro, dejándola tirante, escamosa y con un picor constante. Es muy parecido a lo que nos pasa a nosotros con las manos agrietadas.
Las almohadillas son las que más sufren en esta época. El contraste brutal entre el frío húmedo de la calle y el calor seco de casa, sumado al contacto con asfalto helado o la sal que echan para la nieve, puede provocar grietas muy dolorosas. Y ojo, una almohadilla agrietada no es solo una molestia, es una puerta de entrada perfecta para las infecciones.
De hecho, durante el invierno español, los problemas dermatológicos en las clínicas veterinarias se disparan por culpa del aire seco y los cambios bruscos de temperatura. Esta situación machaca especialmente a cachorros, perros mayores y razas de pelo corto, mucho más vulnerables a la dermatitis por sequedad. Los expertos coinciden: el frío altera la barrera cutánea, haciendo que la piel pierda más agua y quede expuesta a cualquier irritante.
El reto del verano: calor, sol y humedad
Si el invierno reseca, el verano trae consigo otros enemigos. El calor intenso y el sol directo pueden provocar quemaduras solares, sobre todo en perros de piel clara o con zonas de poco pelo como la trufa, las orejas o la barriga. Estas quemaduras no solo duelen, sino que a la larga pueden aumentar el riesgo de problemas más serios.
Además, las actividades típicas del verano también pasan factura. ¿Un día de piscina o de playa? Fantástico, pero el cloro y el salitre irritan y resecan la piel una barbaridad, llevándose por delante sus aceites protectores naturales. Si no los aclaras bien después del chapuzón, esos residuos se quedan ahí, provocando picores e inflamación.
La humedad ambiental alta, tan común en verano en muchas zonas, crea el caldo de cultivo ideal para que bacterias y levaduras hagan su agosto. Esto puede provocar o empeorar infecciones como la dermatitis por Malassezia, sobre todo en pliegues de la piel o dentro de las orejas.
Para que sepas bien cómo proteger a tu compañero en los meses de más calor, te recomendamos echar un vistazo a nuestra guía sobre los peligros del verano para la piel de tu perro y cómo actuar.
Consejos prácticos para cada estación
La mejor estrategia es la prevención, y eso pasa por adaptar la rutina de cuidado a cada época del año. No necesitas hacer cambios radicales, son pequeños gestos los que marcan una gran diferencia.
Cuidados de invierno:
Hidratación de almohadillas: Antes de salir y al volver del paseo, aplícale una crema protectora como la de Masco Beauty. Es de absorción instantánea y crea una barrera contra el frío y la sal.
Limpieza tras el paseo: Al llegar a casa, pásale una toalla húmeda por las patas para quitarle cualquier resto de sal o productos químicos de la calle.
Humidificador en casa: Si la calefacción reseca mucho el ambiente, poner un humidificador os vendrá bien a los dos. Su piel y la tuya lo agradecerán.
Cuidados de verano:
Protección solar: Usa un protector solar específico para perros en zonas sensibles (trufa, orejas, barriga), sobre todo en las horas centrales del día, cuando el sol aprieta más.
Aclarado después del baño: Si se baña en la piscina o en el mar, acláralo siempre con agua dulce. Quitarle el cloro y la sal es fundamental.
Secado a conciencia: Asegúrate de secarle muy bien las zonas de pliegues, las orejas y entre los dedos. La humedad estancada es la mejor amiga de los hongos.
Preguntas frecuentes sobre el cuidado de la piel de tu perro
Llegados a este punto, es totalmente normal que te bulla la cabeza con un montón de preguntas. Cuidar la piel de nuestro perro, sobre todo si es delicada, abre un mundo de dudas. Por eso, hemos juntado las más comunes para darte respuestas claras y directas, de esas que desmontan mitos y te ayudan a saber qué es lo mejor para tu compañero.
¿Cada cuánto debería bañar a mi perro si tiene la piel sensible?
Esta es la pregunta del millón, y hay mucho mito alrededor. Siempre se ha dicho que bañar mucho a un perro es malo porque les quita su protección natural. Y aunque hay parte de verdad en eso para un perro con la piel sana (para ellos, un baño cada mes o dos es suficiente), la cosa cambia por completo cuando hay problemas de piel.
Si tu perro sufre de alergias, dermatitis o simplemente tiene la piel muy sensible, el baño se convierte en una herramienta de tratamiento, no solo de limpieza. Un buen champú dermatológico, con ingredientes que calmen y un pH adaptado, no le va a hacer ningún daño. Al revés: le ayudará a eliminar los alérgenos que le molestan, a aliviar ese picor desesperante y a rehidratar la piel. De hecho, es muy probable que tu veterinario te recomiende baños semanales, o incluso más seguidos, cuando esté en pleno brote.
¿De verdad influye tanto la comida en su piel?
¡Absolutamente! Piensa en la piel como si fuera un muro. Los nutrientes que le das con la comida son los ladrillos. Si los ladrillos son de mala calidad, el muro se resentirá y acabará agrietándose. Por eso una dieta rica en ácidos grasos Omega-3 y Omega-6 (que encuentras, por ejemplo, en el aceite de salmón) es oro puro para reforzar esa barrera cutánea desde dentro.
Una mala alimentación o una alergia a algún ingrediente (muchas veces a una proteína, como el pollo) se refleja directamente fuera. Verás picores, piel seca o incluso esas otitis que no se acaban de ir nunca. La conexión entre lo que pasa en su intestino y el estado de su piel es total. Una buena digestión se traduce en un pelo brillante y una piel elástica y sana.
La piel es el órgano más grande de su cuerpo y está en constante renovación. Este proceso llega a consumir hasta el 30% de la proteína que tu perro come cada día. Por eso, una dieta de alta calidad no es un capricho, es el cimiento de una piel fuerte.
Los productos naturales, ¿funcionan de verdad?
Sí, pero con un matiz importante: "natural" no significa "remedio casero hecho de cualquier manera". La dermocosmética canina moderna se basa en activos de origen natural que han demostrado científicamente que funcionan. Hablamos de ingredientes como la avena coloidal, el aloe vera, la caléndula o la manteca de karité, que tienen propiedades antiinflamatorias, cicatrizantes e hidratantes más que probadas.
La clave no es solo el ingrediente, sino la fórmula. Un producto bien hecho combina estos activos en las concentraciones justas y con un pH perfecto para la piel canina, asegurando que sea seguro y eficaz. Por ejemplo, en Masco Beauty apostamos por fórmulas veganas que unen lo mejor que nos da la naturaleza con el rigor de la ciencia para que veas resultados de verdad.
¿Puedo usar mi champú o mis cremas con mi perro?
Aquí la respuesta es un no rotundo, y es una de las cosas más importantes que debes recordar. La piel de un humano y la de un perro son como la noche y el día, sobre todo por su pH (su nivel de acidez). Nuestra piel es más bien ácida (con un pH de 5.5), pero la de los perros es mucho más neutra, casi alcalina (entre 6.5 y 7.5).
Si usas un producto para humanos en tu perro, aunque sea uno súper suave para bebés, le estás destrozando ese equilibrio. Es como si le quitaras el manto protector que recubre su piel, dejándola totalmente expuesta a bacterias, levaduras y alérgenos. Sería como enviar a un caballero a la batalla sin su armadura. Utiliza siempre, sin ninguna excepción, productos formulados específicamente para ellos.
Cuidar la piel de tu perro es un gesto de amor que se demuestra cada día. En Masco Beauty queremos ayudarte a crear esa rutina de cuidado única para él, una que prevenga problemas y alivie los que ya tiene, devolviéndole el bienestar que tanto se merece. Descubre la rutina ideal para tu perro en mascobeauty.com.